miércoles, 28 de noviembre de 2012

Historia. El final del Regimiento Alcántara 14 (2).

Foto El Rincón de Carlos. Reg. Cab. Alcántara nº 14.
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El Coronel Sanz y Calabria determina que los jinetes tomaron, por ellos mismos y sin que mediara orden por parte de la superioridad, de proteger, aún a costa de la propia vida, a los infantes que a la desesperada perdían el culo corriendo en dirección a Melilla. Ya el Teniente Coronel Primo de Rivera que sólo era jefe accidental del Regimiento y que no tendría ni que haber estado comandando al "Alcántara", vió a lo lejos cómo la morisma pretendía a mala fé, muy carácteristico de los rifeños, cortar el paso de los que huían emboscándolos e intentando causar la mayo defenestración posible. Reunió en consecuencia a los oficiales y les dijo eso tan facha, desnostado y anticuado que es, Señores, las cosas pintan mal y hay, cómo militares malpagados que sómos, que sacrificarse por la patria. Algo que hoy en día no terminaría de comprenderse bien. A partir de entonces, que Dios reparta suerte y cada una coja la que pueda. Lo primero fue calmar a los que huían en atropellada polvareda y poner un mínimo de orden, de suerte que la Caballería pudiera proteger a las columnas de infantes en franca retirada.


El Alcántara en Acción. 

Tras organizar someramente a las tropas de a píe, la jefatura del regimiento comenzó a mandar pequeñas escuadras con el objetivo de subir a las alturas del desfiladero por el que transitaban y sacar al enemigo de la zona. No fue muy difícil, ya que los rifeños, cómo buenos árabes, eran incapaces de acometer de cara y evitaban la confrontación directa desperdigándose aquí y allá cuando veían llegar a las patrullas montadas. Así se fue haciendo camino, abriendo fuego contra todo lo que se acercara u hostigara y asegurando el tránsito hasta la llegada al puesto de Ben Tieb. Allí, los soldados de la columna de Annual que iban heridos y transportados sobre las grupas de los caballos quedarían a resguardo. No obstante, ésto fue una parte nímia del tremendísimo esfuerzo que debería hacer el regimiento, de unos setecientos caballeros, de los cuales, el ochenta por ciento nunca más volvería y el doce por ciento termino siendo apresado por el enemigo mientras se daba cobertura a tropas muy dispersas y en un gran número que rondaría los cinco mil infantes.

Y todo ello durante el día veintitrés de julio, bajo un sol de justicia, en un terreno pedregoso, con poco o nulo abastecimiento de agua y munición. El repliegue fue un infierno en toda regla del que muy poco o nada se quiso, cómo es habitual, saber en las altas esferas del gobierno y el pueblo de España. La primera columna en replegarse apoyada por la Caballería sería la de Cheif. Una columna hostigada en todo momento y castigada con fuego cruzado de la manera más cruel. Sin dudarlo, el mismo coronel Primo de Rivera ordeno cargar abandonando la formación de protección movilizando a los escuadrones bajo su mando con la única premisa de proteger la columna de infantería dispersando, o si preciso fuera, aniquilando al enemigo en embestidas cortas de ida y vuelta. Cargas que pretendían un efecto relámpago sin dejar en níngún momento al descubierto a las tropas a resguardo. A las once de la mañana, la columna llegó casi a salvo a Drius, no así los escuadrones del Alcántara que ya habían dejado sobre el terreno un total de setenta muertos y heridos.

Sangre de Caballero español.

No quedaría en esa acción la cosa. El desastre era enorme y las tropas a evacuar se contaban aún por millares mientras el regimiento comenzaba a estar cansado, los caballos extenuados y la moral a decaer. Sin embargo, por encima de todo ello estaba el cumplimiento taxativo del deber y en ello empeñó la caballería hasta el último hálito de su fuerza, saliendo a la media hora de llegar a Drius una sección con la misión de repetir el repliegue de las tropas a pie desde la posición de Karra Midar, repitiéndose sin césar el ostigamiento de los rifeños, dueños de la situación al conocer cada rendija y cueva donde esconderse. Con apenas una parada técnica para abrevar y comer, el regimiento volvería a realizar salidas escalonadas para cubrir la marcha en retirada de la infantería de Tarfersit y Azib de Midar, en las cuales debieron emplearse con acierto y contundencia al andar el enemigo ostigando con fuerza y sin descanso con certero y abundante fuego de artillería, obligando a la caballería a dispersar y matar a los que se les pusieron a mano.

Hacía siglos que sables españoles de factura toledana no trabajaban tanto y sin embargo la acción perentoria del Alcántara no había hecho sino comenzar, con gran pérdida de hombres y monturas en lo que iba de mañana. No en vano, se estaban empleando a fondo en un terreno agreste, desértico y en condiciones infrahumanas en las que estaban haciendo historia, si acaso ellos mismos, los protagonistas de los hechos, no eran conscientes del capítulo en que participaban. Todo ello en medio de un maremágnum de problemas que lejos de remitir no hacían sino incrementarse conforme pasaban las horas, el repliegue se hacía mucho más laborioso y el regimiento empezaba a sentir la fatiga cómo una pesada losa sobre los hombros. No era extraño que tanto las columnas de soldados y los vehículos que aún podían transitar por tan irregular y hostil terreno necesitaran una y otra vez del apoyo de armas de los caballos y jinetes que, sin cesar, acometían una y otra vez contra un enemigo que, lejos de remitir, parecía cada vez más grande.

Y otra vuelta de Tuerca.

Ya por el río Igan algunos de los vehículos que pugnaban por volver a líneas españolas, fueron inmisericordemente tiroteados por un enemigo mucho más móvil y letal que nuestras propias fuerzas. Se ordenó pues y viendo la efectividad que ya habían demostrado los jinetes, que el Regimiento Alcántara tuviera a bien defender y proteger el camino del convoy tras las inhumerables y costosas cargas que ya se habían realizado y que hacían que, a las una y media de la tarde, con un sol cayendo a plomo, la caballería montara y partiese de nuevo a un destino incierto. Abriéndose paso entre los numerosos francotiradores rifeños, por llamarlos de algún modo, pudieron llegar, con bastante dificultad hasta el río, donde descubrieron con horror que los vehículos, la gran mayoría ambulancias que transportaban heridos hacía posiciones españolas, había sido arrasados y sus tripulantes y pasajeros asesinados sin ningún miramiento. Ésto hizo que, cegados por la venganza cargaran de nuevo obteniendo en el empeño nuevas y cuantiosas bajas.
Continuará>>>

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6 comentarios:

DORAMAS dijo...

Una realidad de lo que fueron los mejores caballeros de la milicia.

Urdanautorum dijo...

Precisamente estoy leyendo "El desastre de Annual". Impresionante y desastroso lo que fue aquello, con tintes heróicos como la gesta del laureado Regimiento de Alcántara, conscientes de que iban a una muerte segura por defender a aquellos pobres soldados.
El cuadro que adorna tu entrada es obra de Ferrer-Dalmau, barcelonés que reside en Madrid, posiblemente aburrido del ambiente anti español que se respira en determinados sectores catalanes.
Un abrazo

José Luis Valladares Fernández dijo...

En aquella ocasión, los rifeños nos dieron leña hasta en el cielo de la boca. Pero lo que son las cosas, siempre hemos presumido de la tradicional amistad con los habitantes del norte de África. Y siempre nos han pagado, haciéndonos alguna: la marcha verde, no dejándonos pescar en esa zona, etc.

C.S.Peinado dijo...

DORAMAS, y que, cómo muy pocos conocen, dejaron el pabellón bien alto cómo tantos y tantos héroes de la España tergiversada y manipulada por progres y nazimbéciles.

C.S.Peinado dijo...

Urdanautorum, ciertamente fue un hecho para no recordar, pero que sin hacerlo nunca seremos capaces de comprender el puesto de España en el mundo. Aquellos caballeros se dejaron la piel en el Rif por sus compañeros, casi cien años se ha tardado en recordarse y hoy por hoy, con internet, tenemos la oportunidad de recordar, fielmente, sus gestas.

C.S.Peinado dijo...

José Luis, en Andalucía decimos que el mejor moro debería estar colgado de las tripas del peor. Sómos los nosotros los vecinos del norte de Marruecos y los conocemos bien, tanto que sabemos que los moros, sino te la hacen a la entrada, te la hacen inevitablemente a la salida. Ni son buenos ni vienen a integrarse, pues su mentalidad medieval es de conquista, venganza y razzia sanguinaria.

Darle Caña a ésto: