domingo, 21 de octubre de 2012

Reflexiones. Vigesimo primero de Octubre.

Foto Propia. Andaluces de Jaén, aceituneros altivos...
Al final, cómo siempre y cómo no podría haber sido de otro modo, el Otoño, cómo algo inevitable y cíclico ha hecho finalmente su aparición para, esperemos, quedarse. No han pasado demasiadas jornadas desde aquel veranillo de San Miguel que apenas hace un par de calendas seguía perlando las frentes de sudor y dejaba relucir los brazos al aire bajo las mangas cortas de camisetas, polos y camisas. No hace demasiado tiempo que el verano se corrumpió de Otoño y la verdad, ya se estaba echando de menos. No dudo que el verano tiene su aquel, su gozo es dinámico, luminoso, pero el cuerpo pide otras cosas conforme avanza el año y ahora, que tan cerca está el cambio de hora que nos permitirá ver más claro por la mañana y apontocarnos en la hibernación nocturna a horas en las que sólo hace unos meses estábamos escanciándonos el café con hielo recien levantados de la siesta, es hora de recoger velas y prepararse para afrontar otro Invierno con renovados aires y mejores fuerzas.


Fin de Estío.

La verdad que para mí, el verano acaba con San Lucas. El vetusto santo, que da nombre a la Feria y Fiestas grandes de la capital del Santo Reino, es quien, con las últimas coletadas de su festivas jornadas, cierra el largo periodo estival que, a fé mía, da comienzo con el Corpus Christi. Un largo periodo que excede lo que de astronómico tiene el verano para morder, con aviesa intención de eternizar lo inevitable, tanto la primavera cómo el otoño. Así podemos hacernos la ilusión de que los días son eternos, el calor, insufrible perro permisivo y que la ligereza de ropa será siempre la tónica hasta que lleguen, más tarde que pronto, los fríos, las lluvias y los resfriados. Un estío tan largo cómo queramos considerar siempre y cuando seamos conscientes que la vida y los frutos del mismo se marchitaran cuando el inefable Condestable Don Lucas de Iranzo vea de nuevo cumplida su onomástica de siglos y el calor se torne en placidez para más tarde ser crueldad invernal.

No resta mucho para refugiarse en el entorno de la chimenea, del brasero o de la estufa. Ni queda tanto para que el frio de la noche se cuaje de olor a olivo quemado y molturado de oliva. El tiempo es frenético y constante y no se detiene por nada. Ya van quedando atrás las elegías de piscinasy terrazas y aproximándose los toques de franela, pijama y manta. Aquellas barbacoas que afritangaban la tarde, regadas con tintos helados y cervezas, dejaran paso ahora, tras el breve otoño a fritadas grasientes, potajes, migas y calderetas, regadas con caldos de abotargado efecto en el entorno de la fogata reconfortante mientras fuera el viento aulla, la lluvia descarga o incluso la nevada amenaza con sepultar coches y haciendas, destruir cosechas, abotargar sentidos y llevarnos a la muerte junto con ese invierno oscuro, cómo boca de lobo, inclemente, cómo asesino y duro cómo pedernal.

El tránsito.

Por tanto el tránsito del luminoso verano al oscuro invierno es rápido y brutal. Los calores tan obcecados e insoportables del mes de Julio y Agosto se derraman supinos por el més de septiembre y llegan, sin virulencia pero sin cesión hasta las fiestas jaeneras por excelencia en las que las primeras nubes y las primeras gotas de llucia comienzan a derramar su indolente contenido. Del mismo modo los fríos que allá por mediados de enero serán inclementes y atosigantes al desprevenido viándante, se irán acercando poco a poco y de manera subrepticia hasta caer inmisericordes sobre nosotros, pobres y desvalidos mortales que en forma de eterna paradoja empezaremos a hechar de menos los calores del verano con la misma fuerza y convencimiento con que en Julio echábamos de menos los rigores del invierno, el fresco, las lumbres, el humo y el olor a alpechín que nos desvela que, con la frenética actividad de las almazaras, volcamos de nuevo el Solsticio de invierno para internarnos en busca del nuevo sol.

De momento, queda saludar a la nueva estación que, si bien ya hace casi un mes que por la rotación del Orbe nos saludó a voz en grito, no ha sido sino hasta ésta última semana cuando ha hecho acto de presencia con las tardes más cortas, el frío más crudo, que se ha dejado sentir tornando del color verde pajizo a rojo chillón de las hojas caducifolias de nuestros bosques y alamedas. El Otoño está aquí y llega cómo Heraldo de un tiempo inmediatamente pasado que por lo que tiene de festivo y necesario, echaremos de menos mientras nos azote el carcelero invierno, tan encerrados cómo nos tendrá en nuestras casas hasta el momento en que, pasando Navidad y San Antón, alargándose los días y suavizándose las mañanas. Otorgándose más protagonismo la luzy el calor y abandonando abrigos y jerseys, podamos de nuevo aseverar que nos encontramos resueltos a las puertas de la primavera y que ella, de manera ineludible, nos antecederá de nuevo el largo, caluroso y deseado Verano.

Carretera y manta.

Y asi conciliamos con el Tiempo el continuar su vereda hacía la extinción de lo físico surcando en franca y perdida batalla pero con el alma henchida de experiencias, la totalidad de las estaciones, ora del frío, ora del calor, ora del gripazo, ora de la insolación. Y en ésta tierra de Jaén, del Santo Reino, aceitunera y cervecera, ciudad del Santo Rostro, el Abuelo y el lagarto de la Malena, el tiempo se vive cómo en serranía unos días. cómo en campiñas otros. Llenando de buena compañia y experiencias la vida de sus habitantes. Habitantes que son de Tierra de eterno paso pero que sin duda no saben sino quedarse en sus caseríos, cortijos, pedanías y tierras lunares, tan plagadas de dejadez cómo de recuerdos, tan henchidos de historia cómo de amoríos de moros y cristianos. Tierra mía cuajada de atormentadas almas que dan forma a los retorcidos troncones de los Olivos. Con el otoño se pasa el calor. Con San Lucas se aviene el Otoño y todos los que de ésta tierra remanecemos, nos embozaremos en nuestros jubones a la espera de un nuevo Estío.

Si deseas comunicarte conmigo, agregar algo a éste artículo, exponer tu opinión en privado o sugerirme temas sobre los que hablar no dudes en ponerte en contacto conmigo a través de churre_s_peinado@hotmail.com. Gracias.

7 comentarios:

Leona catalana dijo...

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

Bellísima poesía de Miguel Hernándes que memoricé hace años como muchas otras de nuestras tierras y autores.

Javier Tellagorri dijo...

Escribes muy bien y detallas con gusto los matices.
Bonito post.

Agustin dijo...

Que prosa mas hermosa que empleas para contarno.La entrada del Otoño,No sabia de esta faceta tuya,un saludo,

Anónimo dijo...

Tener como "amiga" a la Leona Catalana no te favorece. Te embrutece

C.S.Peinado dijo...

Leona, ciertamente es un bello relato que no sirve sino para hablar de la amarga impostura en la que siempre ha estado sometido el campo en Jaén y en el resto de Andalucía. Toda una declaración de intenciones que habla de los cambios de un campo que nunca cambiará por sí mismo sino por los palos que de afuera vengan.

C.S.Peinado dijo...

Javier, muchas gracias por tus palabras, más no olvides que, si bien escribo, es gracias a todos los que me leeis que aportaís tanto con vuestros comentarios cómo con los textos de vuestros blogs.

C.S.Peinado dijo...

Agustin, uno se pone melancólico con la caida de las hojas... A ver que tal se porta el Otoño con nuestros cansados huesos y denostados ánimos.

Darle Caña a ésto: