jueves, 4 de agosto de 2011

El inicio de una bonita amistad.

Ayer, mientras subía del trabajo escuché, en Radio Nacional de España, en su desconexión Andalucía una nota en torno a las Fiestas Colombinas en Huelva. A raiz de las cuales escribí el artículo en torno al día tres del octavo mes. De hace quinientos diecinueve años. Hace cinco siglos España dió un paso cuantitativo merced a tres pequeñas embarcaciones que, cruzando el Charco llevaron la Hispánidad a un nuevo continente. Un Nuevo Mundo que abría sus brazos a una cultura que tuvo sus días malos, cómo en todo, pero también dejó su impronta. Tanto que hoy más de cuatrocientos millones de personas abrazan nuestra lengua y, en sí, la cultura que la arropa.

No obstante y sirva ésto de introducción, no es mi objetivo volver a narrar en éste post lo mismo que dije ayer. Pretendo que sirva de génesis a una idea que me ha surgido de repente al leer el artículo de hoy en el blog de Natalia Pastor en torno a la capacidad de aguante del español medio con respecto a un gobierno que se rebeló cómo ineficaz y totalmente incompetente casia al principio de la presente legislatura. Un ejecutivo que, no obstante, ha sabido aprovechar el dinero público, no en mejorar la vida de los ciudadanos de a píe, a los que nos tiene por meros votantes sin más derechos ni prerrogativas, sino en mejorar la vida de aquellos que serán su segunda fuerza de choque en los años en los que se vean abocados a malvivir (es un decir) en la oposición: Los sindicatos.

Que los sindicatos han sido siempre los tontos útiles de la izquierda está de sobra demostrado. No hacen nada, sirven a unos intereses muy particulares y, a costa de que el trabajador pierda dias de salarios en las huelgas que ellos convocan (y durante las cuales ellos cobran su sueldo integro) consiguen cosas muy nimias (cualquiera que se vea sometido a un convenio colectivo puede decirlo) a cambio de dar poder al gobierno, garantizar la paz social que quiebran cuando les da la gana y por supuesto lograr unas muy generosas retribuciones del erario público sin representar a casi nadie.  Y digo bien, a casi nadie, sólo hay que ver el nñumero de afiliados que tienen en comparación a los trabajadores que hay.

La izquierda, cuando gobierna, se ocupa de mimar a estos provocadores que llegado el momento, montaran una Huelga General por menos de un pimiento. Siete años de gobierno socialista, cinco millones de parados, inestabilidad social, embargos, precariedad y no han abierto el pico. ¿Casualidad? no, millonarias subvenciones camufladas de "cursos de formación". Cuando gobierne el PP y los "cursios de formación" se los tengan que pagar de su bolsillo Toxo y Méndez veremos una movilización tras otras y seguramente no se habrán esperado ni los cien dias de rigor. Es lo que tiene el mal perder de la izquierda. No aguantan no mandar. Que se lo digan a Stalin, Chávez o Castro. Los sindicatos son sólo una extensión de esos demócratas de opereta que, lejos de acatar las normas del juego las modifican, una y otra vez, para tener siempre el juego  a su favor.

Quedan cosas por ver. Muchas y no nos van a gustar. No hablo ya de elecciones en noviembre sino de años ha. Se ha hecho tantísimo daño al país en siete años que quizás no se pueda revertir. Éste gobierno, elegido por españoles lobotomizados por la telemierda, apesebrados y sobre todo, traidores ha permitido que los socialistas y sindicalistas se hagan ricos, que los independentistas vascos, catalanes, gallegos e incluso valencianos, baleares o aragoneses se crezcan, que los ayuntamientos se arruinen, que el numero de  parados supere con creces cualquier serie histórica, que los perroflutas invadan nuestras plazas sin control, que España sea un país segundomundista, que los terroristas gobiernen con el dinero de gente decente y tantas y tantas cosas que podría estar horas escribiendo.

Los sindicatos, gente indecente al servicio de gente más indecente aún que, cada vez que gobierna nos manda a donde estamos, al principio del fin. hasta que lleguemos a la meta.
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2 comentarios:

Herep dijo...

Los sindicatos conectan a los políticos de izquierda con la calle. Son su correa de transmisión para que aquello que piensan los saqueadores pero (aún... ni nunca) no son capaces de decir... para eso está el Sindicato.
De correa de transmisión del poder... de izquierdas, claro.
Y luego, los infelices que van con la pegatina de uno de ellos en la solapa, como si fuera una medalla de guerra... y no es más que un número para identificar la res.

Un saludo.

C S Peinado dijo...

Por experiencia propia, pues para mi desgracia (fortuna si debemos atenernos a la que esta callendo en número de parados) soy un pobre proletario, he visto cómo la patronal, por un lado, y los sindicatos, por otro, sólo usan al trabajador cómo arma arrojadiza.

Mientras unos te escaquean el sueldo, los otros te lo roban llevándote, por narices (que se lo digan a los piquetes "informativos")a las huelgas que se les van ocurriendo por peregrinas ideas que, en realidad, nada o muy poco tienen que ver con lo que verdaderamente importa al trabajador.

Por ello vemos al sindicato cómo un némesis de la patronal en cuyo mundo central estamos los demás, moviéndonos ora hacía arriba, ora hacía abajo según los dictámenes y caprichos de los que nos emplean o "representan".

Darle Caña a ésto: