La única manera de desmontar los falsos y burdos mitos del nacionalismo, ya sea nacional o extranjero es dar a conocer las verdaderas razones y el modo en que sucediron las cosas. La Diada no podía ser una excepción.
Un reino cansado.
Nos situamos en los albores de mil seiscientos cuarenta. España, el imperio donde no se ponía el sol, es un país agotado, inmerso en guerras que afloran cómo capullos en primavera. Donde se mirara, el imperio está encontinua lucha en los más diversos lugares. Se lucha contra el inglés, se acomete contra los protestantes, se le paran los pies al turco y al tiempo se financian los descubrimientos y conquista en las Indias. España está a punto de separarse de Portugal, con la que lleva formando un único reino y el mayor imperio de la época durante los últimos ochenta años. España está agotada, el esfuerzo bélico es supremo y poco a poco el imperio da síntomas de dejarse caer.
Ante ésta perspectiva, nada halagüeña para el Imperio el Valido de Felipe IV, Conde-duque de Olivares no tiene más opción que reorganizarse para conseguir dotar a España de una estructura financiera y militar acorde con la incipiente decadencia del país. Entre esas medidas comienza una tímida centralización y adecuación de todos los territorios peninsulares para actuar economicamente den igualdad de condiciones. Debido al sistema de gobierno de los Habsburgo, en España la gobernación y el dinero para las guerras eran casí exclusivamente tarea de Castilla. Olivares pretendía con la llamada "Unión de Armas" que todos los territorios de España, independientemente de su reino o labores estatales.
Éste sistema centralista que proponía el valido fue aprobado sin demasiadas reticencias por los reinos de Aragón y Valencia. No así con Cataluña, cuya clase aristocrática, cómo siempre, veian peligrar su posición y privilegios. Surgiría así una pequeña fisura que, con el paso del tiempo y tal cómo vemos y sabemos, degenerarñia en una autentica cicatriz.
Cataluña cómo elemento discordante.
Tal y cómo ya vimos a la hora de hablar de la Revolución Catalana, en mil seisicientos treinta y cinco, Richelieu declara la guerra a España. Se ve el hombre con fuerzas para tocarnos los mondongos y el Valido manda al ejército, castellano, contra las tropas gabachas. Los catalanes, que eran muy suyos y son muy rápidos a la hora de reivindicar que los Països Catalans incluyen la denominada "Cataluña del Norte", del norte de los Pirineos, se entiende, se negaron en redondo a aportar dinero y hombres al ejercito realista a la hora de defender ese territorio. La diputación catalana ya miraba por ese tiempo la pela y cómo ahora, los problemas los resolvían los demás y el dinero lo administraban ellos.
Todo ello en el contexto de la Guerra de los Treinta Años. Obviamente, al no disponer de tropas aborigenes, se recurrió al ejército de Castilla, ejército que se debía alojar en alguna parte y cómo no, esa parte era en territorio español, la Cataluña del sur. En esos años, de mil seiscientos veintinueve a treinta y ocho las tropas estuvieron luchando para que no se repitiera los sucedido en Fuenterrabía donde los franceses machacaron la resistencia española. Obviamente estancar un ejército en una zona durante mucho tiempo conlleva pillaje, saqueo y otras consecuencias poco onerosas. Todo llegó a un punto tal que, bajo el grito de "Viva el Rey de España y mueran los traidores" los paisanos catalanes, reivindicando su españolidad se alzaron contra las tropelias de la soldadesca castellana.
La versión viciada de los segadores.
Así las cosas, la revolución que nos vende el nazionalismo fue sólo un choque entre tropas y paisanos no por reivindicación política sino porque les estaban robando, asesisnando y saqueando la casa. En mil seiscientos cuarenta pues, se dieron cita en Barcelona, en el día del Corpus Chirsti los segadores que, cómo era tradición, acudian cada año a la capital para conseguir un contrato para la siega del año. En esa ocasión acudirian en medio de las trifulcas entre los catalanes y los castellanos por colgar a los saqueadores y echarlos de Cataluña que, recordemos, seguía bajo la amenaza del ejército francés.
Se dío así la circunstancia de que, cómo era tradición y así lo he citado, los segadores bajaran a Barcelona en el mes de junio. Éstos no eran demasiado correctos, por cuanto llevaban una vida desordenada y disoluta, no tenian oficio ni beneficio y empleaban lo que obtenian de la siega para malvivir el resto del año y poder así pagarse los vicios de los que tan buenos acreedores se habian hecho. Vamos, que lejos de ser lo que los nazionalistas colocan cómo el colmo del patriotismo eran sólo unos cuantos gañanes, buscadores de camorra que se habían ido a buscar un tajo para sacar para vicios.
Así las cosas, en el llamado Corpus de Sangre, llegó el momento en que estando todos reunidos cerca del palacio del Virrey, esperando ser contratados, la autoriadad detectó, entre los segadores, uno que estaba reclamando por la justicia, vinculado a los desórdenes anteriormente referidos. Al final pasó lo que tenía que pasó, el segador que tenia cuentas pendientes con la justicia fue herido y esa fue la mecha que prendió la carga. Los demás segadores se echaron sobre los justicias que, intentando zafarse reclamaron la presencia de los soldados que vigilaban el palacio y ahí se armó la marimorena. Llegó la cosa a tal punto que al final la lucha se extendió por toda barcelona sin respetar nada. Ardieron casas, se dieron robos, el asesinato se convirtión en moneda corriente y toda una vorágine de destrucción arrasó Barcelona mezclando tropas con paisanos y salteadores con segadores.
El poder cómo objetivo a abatir.
Lo que hoy se tiene por revolución nacional fue una masacre total propiciada únicamente por unos hechos que podrían haberse evitado si la soldadesca hubiera sido catalana y los castellanos no hubieran llegado a entrar en la zona. Pero el mal ya estaba hecho, los segadores fueron reuniendo adeptos y ls soldados igual, pero menos. Los que caían en manos de las turbas eran asesinados y despedazados e igual pasaba con los naturales que los ayudaban. Llegó la situación a un punto que el orden se puso en entredicho y se abrieron las cárceles llegando a asesinar al Virrey.
Dalmau de Queralt, Virrey de Cataluña murió al intentar embarcar para escapar de los motines. Después en una apocalíptica situación de nadie el bueno y nadie es malo el saqueo continuó, no respetándose ni los cementerios. En éstos hechos que poco o nada tienen que ver con un levantamiento nacional, salvo que se considere patriotas a simples delincuentes comunes, se basa la leyenda de los segadores en cuya "gesta" se basa el hecho diferencial y el himno que se enseña a los niños en las escuelas.
Durante el verano siguieron los saqueos. Daba lo mismo quienes fueran. Mientras tuvieran dinero daba igual que fueran hacendados, eclesiásticos o aristócratas. Mientras tanto y debido a la inacción de la diputación, el Valido amenazó con enviar más tropas a sofocar los desórdenes, que no rebelión. En ese momento, mientras las fuerzas relaistas accedían a Cataluña por el sur, los ejércitos de Francia con la que Pau Clarís, máximo dirigente de la diputación había estado pactando de espalda a Felipe IV. Tardaron muy poco en nombrar a Luis XIII cómo su rey y someterse a la legislación francesa. El pueblo prácticamente no secundó ésta decisión. Ni el clero ni la nobleza, por lo que se podría decir que la Generalidad actuo de motus propio y por su propia iniciativa ante éste hecho.
En conclusión.
Cataluña terminaría retornando a España que en contra de lo que propulso Francia, respetó siempre elhecho diferencial, las costumbres y el dialecto. Pero cómo vemos, Cataluña, sus nazionalistas pretenden obviar la afinidad con España. Tanto que dan pábulo a lo que fue una rebelión de delincuentes de poca monta para salvar a uno de sus amigos de la justicia y lo disfrazan de hecho historico definitorio de la nacionalidad catalana.
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