sábado, 19 de mayo de 2012

Sin dobletes hosteleros.

Una de las consecuencias más directas de la crisis es, sin lugar a duda, la caida del consumo. De hecho, lo más perentorio es comer y es lo primero que hay que asegurar. No sólo eso, además se intenta garantizar una continuidad en el tiempo con lo que muchas veces, los más afectados por la crisis comen lo que pillan, cuando lo pillan y lo que es lo más lamentable, en un estado muchas veces deplorables. Casi tan deplorables cómo las quisquillas y cañaillas de hoy en el salón donde trabajamos. Las primeras han vuelto al completo a cocina, las segundas mitad y mitad, pero no estaban bien cocidas y al fin y al cabo es algo ilustrativo de lo que quiero referir. Pérdida de calidad y bajadas de precios que afectan a todo por igual. El servicio se resiente, la oferta se malea, la hostelería se inclina y al final se abate, por sí misma hasta hundirse por último en la podredumbre de un sistema que se resiste a aceptar que la barra libre, nunca mejor dicho, se ha acabado.

Extras a lo pobre.

Aunque el trabajo sigue siendo el mismo, terminas reventado y ahora mismo tengo un dolor de extremidades inferiores de padre y muy señor mío, si que se nota la crisis en un sector que en tiempos consiguió conformarse cómo la primera industria nacional. De hecho, cómo camarero he notado que el nerviosismo de mi empleador va in crescendo al tiempo que traduce sus desvelos no en dar mejor servicio sino en joderlo al completo rebajándonos el sueldo. Yo no lo veo mal siempre que se haga en un contexto ideal, expuesto por él mismo al comienzo de una campaña. Por el mismo me refiero menos eventos, más a lo pobre y con menos parafernalia. Obviamente, la coletilla de que si no estás contento tiene gente de sobra, es indeseable y todo lo demás está muy bien, es aceptable y si hay que apretarse pues se aprieta uno y no pasa nada. El problema básico viene que sómos pobres, no tontos y la ceguera no nos afecta siendo perfectamente conscientes de que pierna pajea la situación.

Y lo digo sin acritud, en el único fin de semana en el que, de lo que llevamos andado desde el veintiuno de marzo del corriente, que vamos a tener un doblete, trabajando tanto sábado y domingo. Lo digo no por quejarme sino por la política, nerviosa, de hechos consumados que ha llevado adelante nuestro simpático empleador, por decir algo. De hecho, los menús siguen siendo caros, el personal sigue siendo pejiguera, las exigencias cada vez mayores y la calidad del trabajo, viendo el meteórico cambio de camareros y proveedores que se suceden día sí, día también. Eso sí, cuajado y franqueado por una caterva de chupasangres de aquí te espero que, al fin y al cabo, deberían ser los que metieran la cabeza para salver el negocio y son los que más lo saquean. De tal palo, tal astilla. Nosotros, los sirvientes, a tragar. Más mierda, servicios, quejas, voces, exigencias y malas caras, a cambio de menos trabajo y por supuesto mucho peor remunerado.

Extras, los justos.

Es por ello que al fin y al cabo la vida está para vivirla y nos hemos ido renegando en el més excaso que llevamos viendo cómo el precio de los menús se mantienen mientras nuestras condiciones laborales, en negro y tan hundidas que más que sumergidas están enterradas cerca del núcleo terrestre, se degeneran en función del tiempo que haga. La semana pasada un sol afixiante, hoy más fresco y mañana, lamentablemente, Dios dirá ante una carrera, que comenzaremos a las ocho am hora zulú y terminaremos con el ocaso tras aguantar mucho, muchísimo y mordernos los labios una y mil veces mientras comprobamos en nuestras propias carnes que no se puede caer más abajo que siendo un maldito siervo de la hostelería en España. Eso sin generalizar y desde una perspectiva de reventamiento total y la perspectiva de un nuevo extra, peor pagado que el año pasado pero al mismo nivel de exigencia.

Así y todo, hay que darse con un canto en los dientes y dar gracias al cielo por tener trabajo, si bien éste es una porquería en la que los cánones de la lógica laboral no prima para nada y la aplicación de la Reforma Laboral no es aceptable pues tenemos bastante menos papeles que una liebre. En sí, no creo que sea algo aislado y durante muchos, muchos años, creo, sinceramente y con conocimiento de causa, que muchísimos camareros y cocineros se han jugado el pellejo por un sueldo que, cómo todo va en detrimento. Hay mucha competencia desleal, eso es cierto. Y quienes en su día se reían de tí por perder un fin de semana trabajando en una boda, ahora te dan la puñalada trapera ofertándose por menos dinero, siendo mucho peores con el lito, pero poniéndole la miel en los labios a unos empresarios hosteleros que no sólo no se caracterizan por su generosidad sino que son puros negreros a los que malamente les importa su familia, con lo que te puedes dar por jodido.

Hasta el ocaso.

Así que, señores, ya saben el porqué de la situación que provoca el no poner ningún articulete con el que rellenar espacio en mi, vuestro, blog. Simplemente llega uno agobiado, extresado, tocado físicamente y sin más ganas que pillar el sillón en opción A y la cama en opción B. Eso sí, éste año estoy mucho más flojete. El año pasado me machaqué cuarenta y seís días a piñón cerrado entre días laborales normales y fines de semana dándole a la bandeja. Éste año, amigos, es calidad de vida, a menos precio, eso sí. Pero tampoco hay que quejarse cuando ves padres que no pueden hacer una comunión en medianas condiciones y se dedican a racanear para surtir al máximo la barra libre con la que obsequiar a sus borrachinas amistades que no acuden al candor del sacramento del matrimonio o la comunión sino someramente al sopor del licor que premie el atiborrarse de comer servidos por unos camareros necesitados por unos sueldos irrisorios.

Si deseas comunicarte conmigo, agregar algo a éste artículo, exponer tu opinión en privado o sugerirme temas sobre los que hablar no dudes en ponerte en contacto conmigo a través de churre_s_peinado@hotmail.com. Gracias.

7 comentarios:

Zorrete Robert dijo...

Mi señora madre estuvo el Sábado pasado de comunión y vino mosca por el tema de la barra libre. Decía ¡chico alguno a punto de reventar y pidiendo mas bebida!. Coño de lo que no cuesta se llena la cesta.
Los cabronacos quieren que volvamos a los 50 y 60. ¿Derechos laborales?¿Eso que es? ss.ss depende, como tengas algo chungo crónico y te lo tengas que pagar pues otra vez al curandero. En fin una ful de Estabul.
Saluditos Don CS.

Lobo Solitario dijo...

Terminaremos por pedir a voz en grito una dictadura.....

Herep dijo...

Que tengas un buen domingo de descanso, CS.
Nosotros, ahora, tenemos comunión en el Cuartel, pero estaremos al otro lado de la barra.

Recordaré tu entrada y tendremos trato de favor con los que hoy tengan que trabajar.

Un abrazo.

Apañó dijo...

Sí, la cosa está muy jodida. Hace más de cuatro años que no toco los precios de mi actividad, por miedo a perder clientes. Y también he notado que la calidad de mis servicios se ha resentido. Normal, porque ahora tengo que obtener de dos clientes lo que antes de la crisis sacaba de uno. Pero como al mismo tiempo me suben los impuestos (el ayto ha creado alguno muy peregrino), estoy hipotecado hasta las trancas, el banco ya me ha dicho que soy "cliente de riesgo", y un largo etc de miserias, pues a aguantar como sea y hasta cuando sea. No hay otra.
Nos vamos a tomar por culo, sí o sí.

Cesar dijo...

Veniros "paca", por treinta euros coméis de cine con vino del bueno incluido. Por veinte coméis muy bien y por 10 coméis bien. Por menos coméis tan solo.
Ahora mismo voy a insertar un twiter, aunque no soy partidario de tales jilipuertadas, que diga.. Zapatero hundió España o fue España la que hundió a Zapatero?

jano dijo...

Amigo Peinado, la cosa pinta mal para todos y mucho peor para los que no tienen trabajo, pero habrá que resistir como podamos.
La hostelería es un trabajo duro y esclavo por las muchas horas que hace el trabajador con la bandeja o detrás de la barra, aguantándonos a nosotros los clientes, con nuestras filias y fobias y con nuestros caprichos; después, tras cerrar el local, hay que limpiar, recoger las mesas, reponer... Sin duda, un coñazo.
Tienes toda la razón y la explicas muy bien en tu entrada, hasta lo de las quisquillas: la quisquilla es un plato difícil de comer (son pequeñas y hay que pelar mucho) pero una delicia comérselas y saborearlas.
No te desanimes y sigue contando tus experiencias.
Un saludo.

Candela dijo...

Olvídate CS, el chiringuito, sea cual sea, siempre funciona a costa de los mismos. Entiendo que no te quejas por trabajar sino por esa sensación de ninguneo que todos sentimos alguna vez por parte de los demás.

Anímate aunque solo sea por darles en los morros a los que quieren vencernos a base de aburrimiento y falta de incentivos.

Darle Caña a ésto: