lunes, 12 de marzo de 2012

El tren sin destino seguirá surcando su ruta eterna.

Ayer, tras la porquería de homenaje que los sindicalistos  se suponen que hicieron hacía los fallecidos y heridos de nuestro 11 particular, cifrado en aquel Marzo inefable en que España descubrió lo bajísimo q se puede caer, no pude dejar de sentir un atisbo de esperanza. No porque se clarifiquen causas, responsables y dudas, que de eso ya se están ocupando personas cómo Manjón, prima interesada, prima espaldada, en enterrar. Pensé que España salía, tras ocho años de padecer una persona que la odiaba más que nada en el mundo, del hoyo en que incapaces y analfabetos funcionales, hábiles en el expolioy en vender el alma de su madre si menester fuera, la habían ingresado. Estamos en lo más oscuro de la noche de nuestra propia tragedia. Aquella que se inició con una sucesión salvaje de barbarie en forma de explosivo. Justo en lo más oscuro de esa noche en la que se nos zambulló a pesar nuestra, en la creencia de los que estaban eran malos cuando los que arribarían al Poder sólo tres días después vendrían a ser mil veces peores.

Tren sin Destino.

Yo estube cogiendo trenes a lo largo de dos años cada fin de semana. Subía y bajaba, bajaba y subía debido a mi condición de militar.Recuerdo que por esa particularidad, cada vez que me subía en uno tenía un sentimiento extraño, atemporal, especial. No tengo malos recuerdos de aquel periodo de mi vida en la que algo tan futil cómo coger un tren no tenía más trascendencia que la de cubrir cuatro horas de trayecto entre Jaén y Madrid. Precisamente, un compañero de Linares, domiciliado en Meco, estuvo a punto de coger el tren de la muerte en Meco. El entraba al andén justo cuando el tren partía. Eso le salvó de una muerte probable y un accidente seguro. Yo nunca tuve un percance grave. Una vez el motor de uno de los trenes, a la altura de Méndez Álvaro salió ardiendo y tuvo que ser remolcado. En otra ocasión unos desgraciados cortaron la catenaria en Aranjuez y me supuso un trayecto de catorce horas. Eso son anécdotas. Lo del tren sin Destino que cercenó la inocencia de nuestro país fue una salvajada.

No puedo sentir, no puedo obviar, no quiero pensar lo que un tren en aquellas circunstancias puede llegar a ser. Aquel día yo ya no era militar, no cogía trenes, pero al saber que un cercanías se había convertido en el féretro sobre railes de tantísimas personas, no pude dejar de sentir un escalofrío y llamar, a toda prisa, a los conocidos que, de una forma y otra, supuse podrían haber cogido aquel tren. Tuve suerte de no tener que lamentar una pérdida, pero aquel día, el siguiente, el que le siguió, Jornada de Reflexión, fue una caida libre plagada de contradicciones, hechos aleatorios y falta de informaciones que no hacían sino acrecentar la incertidumbre. Incertidumbre que ayer, mientras los sindicalistos empañaban una fecha que ya debería haber sido declarada fiesta Nacional en recuerdo de los caidos, seguía tan patente cómo el día que se creó. No había simulacro que pudiera cubrir aquel hecho. Y aunque los servicios de emergencia actuaron impecablemente dentro de las circunstancias, la masacre de Atocha quedaría, para siempre, impresa en nuestra mente. 

La Ruta Eterna.

Hoy, al silencio de esa gruta en la que se inscribieron en cristal todos y cada uno de los nombres de aquellos que volaron mezclados con resto de explosivo, metralla producida por el continente metálico de los vagones y pedazos informes de las más variadas materias chocando contra todo de las más diversas y brutales formas, se ha celebrado el acto institucional que recuerda, un día después, a las víctimas de aquel día en que el inicio de la caida hispánica quedaba rubricada con sangre y certificada con un fin de campaña viciada y que, contra todo pronóstico, entre manifestaciones "expontaneas" orquestadas desde cierta sede sita por la zona de Argüelles, ganarían aquellos predestinados a despertar el guerracivilismo y acabar con nuestra España. ha sido un evento sencillo y casi privado, realizado por fuerza en un día que no le corresponde porque aquellos que más tienen que callar decidieron hacer demasiado ruido el día que enmudecimos ante el peor atentado terrorista de nuestra historia. Aquel que creo una cicatriz tan profunda que nunca sanará.

Hoy, entre los railes que confluyen en su silencioso y ferreo circuito hacía Atocha, crecen algunas flores, de esas fuertes y duras, pues hay que serlo para crecer entre la escoria que sustenta el camino de hierro, que en su día recibieron cómo abono sangre, carne y metralla. Seguramente, en alguno de esos exiguos vegetales que se mueven ritmicamente al socaire del viento que levanta el paso de los convoyes, quedó impregnado un trozo de alma de aquellas personas que vieron arrancado su espíritu de manera tan brutal que no les dió tiempo a buscar la luz que ilumina la autopista que lleva desde éste mundo a ese otro que nos aguarda en otro plano. Sin menoscabo de las creencias de cada cual, en alguno de esos humildes tallos mecidos por el viento, sinmás sustento que el propio sustrato bajo los railes, algún espíritu perdido sigue esperando el paso de aquel tren que le termine de acercar al Destino que aquel día tenían y al que nunca llegaron porque alguien decidió que no tenían que llegar.

In memoriam.

Mientras alguien siga recordando la tragedia, los espíritus de los que murieron podran continuar buscando la puerta al fin de su sufrimiento. Atocha es el nuevo centro del dolor por la pérdida no ya de un ser querido, sino de la conciencia universal de aquellos fallecidos y heridos que, sin ser particularmente importantes, se convirtieron, por arte del Demonio en ciento noventa y dos nombres que nadie recordará pero que, en conjunto, serán los fallecidos por el atentado terrorista del Once de marzo de Dos mil cuatro. Un atentado del que no se sabe quien, cómo,  ni porqué, se llevó esas vidas, sesgadas de manera brutal por el método más destructivo que el hombre conoce, el de una explosión, el de ese método asesino que te revienta sin que lo esperes y que hace que, cuando seas consciente de lo que ha pasado, ya estés muerto. Eso pasó aquel día de Marzo, los cuerpos fueron arrancados de sus espíritus que vagan, siguiendo la eterna vía férrea en busca de esas velas tililantes que en su honor se van dejando en el Hall de la Estación aquellas personas que confian en mostrarles el camino hacía el descanso eterno.

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11 comentarios:

OPin dijo...

Hermosos homenaje amigo. Me uno a su plegaria.

Un abrazo.

Helio dijo...

Es una fecha que no olvidaremos nunca, lo peor las 192 muertes dejando destrozadas a muchas familias.

Me dio mucha pena ver a los pancarteros en el homenaje,haciendo reivindicaciones de todo tipo.

Agustin dijo...

Que hermoso post te ha salido hoy,Una profunda y sincera reflexion sobre la tragedia del 11 de Marzo.un saludo.

E..P.. dijo...

Totalmente de acuerdo y me uno a los sentimientos de todas las personas que de una forma u otra sufren cualquier clase de terrorismo.
Por lo pronto es caso cerrado y parece que no se va abrir.
Saludos cordiales amigo Peinado.

Wittmann dijo...

Buenas Peinado.

Cuando llegan fechas tan desgraciadamente señaladas como estas que vivimos, uno comprende lo fácil y lo gratuito que resulta elaborar un blog sobre cualquier temática (cine bélico, como es mi caso). Y es que ante acontecimientos tan espeluznantes como los que tuvieron lugar ocho años ha, se vuelven excepcionalmente complicados de tocar. Y aunque es sencillo decir lo que uno piensa no lo es tanto dar algo de cordura a las palabras mediante las cuales se expresa puesto que suelen estar impregnadas de odio e indignación, de amargura y dolor. Me considero un español de pro, orgulloso de mi país, pero ante hechos como este el corazón se me sobrecoge y no hallo sino la mejor expresión de lo que serían mis palabras para el día de hoy en las que tu has depositado en esta entrada. Lo cual te agradezco.

Un saludo, amigo.

E..P.. dijo...

Se me olvidaba...una vergüenza una manifa sindical en un día tan señalado...ya les vale a estos...cuando digo que esto es un país de borregos y chorizos....
Saludos amigo.
Pd- yo tampoco estoy de acuerdo con la reforma laboral pero se podría haber echo otro día.

Reinhard dijo...

El 11M, C S, es una cosa muy incómoda para mucha gente: para el Psoe porque, como mínimo y con benevolencia para ellos, fueron los grandes beneficiados, y para el PP porque eran los que gobernaban y atentaron delante de sus narices, con una policía al servicio de la oposición. Ya no hablo del poder judicial, estamento que sólo busca tapar sus propias vergüenzas.Si no suena la flauta, será muy difícil que sepamos alguna día la verdad.

Saludos.

José Luis de Valero dijo...

En nombre de mis seres queridos inmolados en Atocha y en el mío propio, gracias por este entrañable post en su recuerdo.

José Luis Valladares Fernández dijo...

El 11 de marzo, como bien dices, debiera ser declarado fiesta nacional, para honrar a tanta víctima que encontraron, unos la muerte de una manera tan trágica, y otros heridas que no se van a cicatrizar nunca.
Y para acabar de armarla, van los sindicatos y deciden profanar ese día de una manera tan miserable. ¡Como si no hubiera días en el calendario para manifestarse!

Un abrazo

Rafa Hernández dijo...

Bonito y emotivo homenaje.

Saludos C S peinado.

J. F. Sebastian dijo...

No hay días en el calendario para manifestarse, y a poca distancia de dónde se honraba a las víctimas. Así vivimos el 11-M desde hace 8 años.

Darle Caña a ésto: