jueves, 13 de diciembre de 2012

Si el Estado es nuestro principal enemigo...

Foto de Internet. Hay que darlo y hay que darlo ya.
Me hace muchísima gracia y además me preocupa en demasía que, a lo largo de lo que llevamos de Legislatura, en manos del Partido Popular, que no de la derecha, pues han demostrado ampliamente saber adelantar en miseria e inoperancia al sucialismo por la izquierda, España sigue dando tumbos mayoritariamente porque esos gañanes no quieren coger al toro por los cuernos. Todos sabemos y lo sabemos muy bien, que el problema de España, con impuestos altísimos, es su Estado. No es ni el paro, ni los bancos, ni tan siquiera las corrientes politicástricas que pueden mover el fiel de la balanza ora un poco a la izquierda, ora un poco más a la derecha. Nuestro problema no es para nada coyuntural, no estamos en algo pasajero que se vaya a resolver con una congelación de sueldo a los funcionarios ni una falta de revalorización de las pensiones. Nuestro problema es, y será mientras no tengamos un gobierno decente, cosa que va para cuarenta años, que tenemos un Estado elefantástico para un país hormiguil.


Simple lógica.

Siempre será más simple y efectivo el mecanismo de un sonajero que el de un reloj suizo. Simplemente hay que tener en cuenta que un sistema, cuanto más grande, más piezas, más engranajes y menos mantenimiento se le haga, tiene más posibilidad de colapsar. El Estado Español adolece de ese problema. Cuando el tito Paco nos gobernaba a todos, sin excepción, el Estado era simple, jefatura de Estado, diputaciones y Ayuntamientos. El Estado era más que eficiente, se hacía todo a máquina de escribir y nuestras comunicaciones no eran las más eficaces, pero evidentemente, España funcionaba y lo hacía no porque fuera una dictablanda o porque el Sindicato Vertical tuviera explotados a los indigentes proletarios, funcionaba porque todos éramos españoles y el país era España, el objetivo era sacar adelante la economía española y se enseñaba a todo el mundo que acudiera a una escuela el mismo temario, ya estuviera en Cambados, Fuengirola o Rosas. España era una, con un sistema, un gobierno y no el contubernio de Taifas que hoy conocemos. 

Y las Taifas nunca han dado nada bueno. La autonomía sólo sirve en paises donde la lealtad esté totalmente fuera de toda duda. En Cánada quizás, pero no en España. Dimos la autonomía a Cuba, sólo hay que ver cómo ha terminado, se la dimos a Puerto Rico, ahora es un apendice de las gónadas de los Estados Unidos. Se la dimos a Cataluña, ahora tenemos un enorme sabañón que cada vez que abre la boca nos hace pedir al Señor que, o una de dos, o se independicen ellos o nos independicemos nosotros. Máxime cuando el individuo es inteligente, pero la masa es totalmente imbécil, pues durante los primeros ochenta no faltaron las manifas a lo largo de toda España porque todos queríamos ser autónomos, independientes unos de otros, más altos, ricos y guapos que los demás para terminar siendo más tontos (informe Pisa), más pobres (OCDE y FMI) y sobre todo más inoperantes en todo lo que nos propongamos (Sólo hay que ver cómo Posada se calla cómo una puta cuando Amaiur llama en el Congreso al Gobierno, criminal, hay que joderse).

Las predicciones mayas.

Y es que en éste año en que estamos todos con el alma en vilo, todavía no hemos visto la verdadera realidad de las predicciones mayas. No hay que ser un lince para saber que los belicosos indígenas que nos traen de cabeza a todos residian en el territorio comprendido por el Yucatán mexicano y el norte de Guatemala. Sus predicciones auguraban malos tiempos y un cambio vital no para el mundo, sino sólo para los que iban a ir a recortarles el cupo de cabezas degolladas al año, lease los conquistadores españoles. Y es que lo mismo que existía la maldición de Moctezuma, que hacía que te fueras de bareta a las primeras de cambio, la maldición de los amiguetes come-corazones fue mucho más sutil, extendiéndose en el tiempo y llegando hasta el día de hoy donde, para nuestra desgracia, vemos cómo el cambio, total y absoluto que nos predijeron, reitero, a los españoles, se va cumpliendo punto por punto. Eso sin hacer una doble lectura de las diez plagas de Egipto, que seguro que nos vienen cómo anillo al dedo.

España se hunde porque nuestro paso de súbditos con la Pepa a ciudadanos se nos atragantó desde un primer momento. Una Constitución liberal emanada de los mismísimos postulados de la Revolución Francesa es, sin duda, un lastre para España cómo nación. Sólo hay que ver que, antes de ella, pintábamos algo en el mundo y después, incluso Marruecos va ganando más peso internacional que nosotros. No es una paranoia sino una realidad en toda regla. En España no funciona la democracia porque, cuando la agarramos, no queremos pensar y ponemos al frente a los cuatro inútiles que no contratariámos ni siquiera para limpiar los palominos de la taza del wc. Eso sí, nos sirven para expoliarnos y hundirnos en nuestra propia miseria cómo el primero. De ahí que los periodos, ejem, "democráticos", terminen, en España, cómo el mismo Rosario de la Aurora y sus artífices, tanto los liesteras que se arrogan el derecho a representar (?) al Pueblo, cómo al Pueblo que se deja representar (?), cómo el Gallo de Morón.

Hay que tumbar lo inútil.

Y hacerlo sin sacar la banderita republicana o de la Unión Soviética, dos viejas inmundicias que, gracias a Dios pasaron a mejor tiempo. El mecanismo del Estado español está obsoleto porque, en la era de la Informática, seguimos contratando funcionatas (típico funcionario que pasa más tiempo haciendo guardía al lado de la máquina del café que en su mesa) a cascoporro que, en muchos casos no sirven ni para firmar con su nombre. Eso sin hablar de las ingentes cantidades de personal "laboral" que no vale ni para sacar a la basura y cuyo único mérito es tener el preceptivo carnet, ser primo o amigo del hijo de puta de turno o simplemente estar en el lugar oportuno en el momento adecuado para poder hacer la mamada reglamentaria que lo catapulte a la jefatura de una de esas fundaciones que afloran cómo setas en cualquier administración autonómica. Fundación que sirve de colocadero descarado de especímenes que salen por un ojo de la cara sin aportar nada positivo o útil al ciudadano. Eso es lo que tenemos y lo que habría que cambiar antes de que volvamos a ser un país a la altura del peor de los del África Negra.

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8 comentarios:

Javier Tellabeltz dijo...

Completamente de acuerdo con todo lo que dices.
Enhorabuena por el buen post y análisis.

DORAMAS dijo...

¿Donde hay que apuntarse?.....

El Fugitivo dijo...

Claro, claro, claro...

Pero si los propios ciudadanos no son capaces de sacar adelante partidos políticos nuevos que se identifiquen con sus ideas y asuman las reformas imprescindibles, no habrá posibilidad de regeneración.

Al fin y al cabo, es responsabilidad de todos, pues aparte de hablar, y hablar con mucha sensatez, pasar a la acción requiere de unos agentes políticos nuevos, que desde dentro operen y saquen adelante las reformas por las que clama la ciudadanía ilustrada e independiente.

FugisaludoS

El último de Filipinas dijo...

Lo malo es que hasta ahora todo intento de hacer algo al margen de partidos se ha quedado en una reata de campistas acompañada de tambores. Vamos, nada serio, así que los partidos se sienten seguros y hasta respaldados.

C.S.Peinado dijo...

Javier, creo que no seré el único que tenga ese analisis en el cargador...

C.S.Peinado dijo...

DORAMAS, por aquí mismo, veme dejando ideas y afiliación, que la vamos a liar parda...

C.S.Peinado dijo...

El Fugitivo, indudablemente tienes razón, pero en un país de tal inmovilidad cómo el nuestro, dar los primeros pasos quejándose, ya es todo un logro.

C.S.Peinado dijo...

El último, esa es la clave, que los únicos que se han "levantado" contra los politicastros son los movimientos respaldados por ellos, con lo que elevar un verdadero movimiento antipoliticástria en éste país es poco menos que una cruzada incierta.

Darle Caña a ésto: