jueves, 5 de enero de 2012

Las volutas del incienso.

De barroco diseño. Labrado a fuerza de golpe y buril en plata ennegrecida por el tiempo el por el uso. Así era el incensario que un día doné para llevar las plegarias de los hombres a lo más alto del cielo. Incensario de brillante y argentino metal, de corazón cúprido que albergabas en tu interior el infierno que sabe arrancar su aroma a la gomorresina que incólume y oculta en el sacro humo arranca las oraciones y peticiones que, entre ángeles suben al creador. Así fue entregado a aquel que lo usaba para acompañar al Santísimo en su deámbular por las calles en penumbra, hundidas en la oscuridad que precede al amanecer. Cuando el tintineo de las cuentas del rosario y los murmullos callados son ahogados de repente por la fuerza de un agudo manada de los metales cristalinos de alguna banda. Así fue usado desde entonces guardando mis recuerdos y ahogando mis fracasos que se sucedieron en la devoción. Hundidos deseos cofrades en tu cazoleta oscurecida por la quema de carbón.

Músico.

Cayó el Rincón, se hundió la banda, se perdió el talento, se esfumó el tiempo. Cómo si la vida en ello nos fuera y el Cristo así lo agradeciera, los días se tornaban en noche bajo el sonar de una caja destemplada. Tañir de tambores monótonos con compáses alargados en tornos a marchas de cristalino sonido que dedicábamos al Rey de Reyes. Rey desnudo, cuajado de sangre, ensalzado en el madero de la cruz. Envuelto en la ignomínia humana y atravesado por los clavos de la indecencia del Hombre. Así, cada tarde, cada noche, nuestros corazones humildes, de jóvenes convencidos, de inmersos creyentes en la fehacencia cofrade, dedicábamos nuestro tiempo, nuestra juventud, nuestras ganas y sapiencia a memorizar marchas que interpretaríamos con respeto y devoción bien el viernes santo, bien en la Fiesta de Estatutos. Jornadas de camadería bajo las frías escarchas del invierno o los agotadores mosquitos del verano. Mes tras mes, año tras año.

Así fuimos creciendo en una Fé no inculcada en ningún templo ni por ningún predicador. Fuimos creciendo en la Fé del trabajo por un ideal, por una advocación, por un retazo de amor a algo no soñado. Cada golpe de tambor, cada nota de corneta, cada paso a destiempo era la devoción encubierta de unos corazones henchidos del orgullo de portar el uniforme de la Piedad. Recuerdos que las volutas de incienso, de mirra, benjui y vainilla se llevaron al cielo y que aún percibo cómo pequeñas trazas de un pasado tan intenso que se niega a desvanecerse. Un pasado exiguo y cuajado de notas, de temas y marchas, de largos paseos a contratiempo, cuajados de codas y trietos. Un pasado con olor a azmicle, iluminado con un ténue pabilo de cera que enciende cirios de pureza incontestable, de cera virgen y color tieniebla. Olores de azahar en la despuntante primavera en la que tras un paso de Cristo desvergonzábamos nuestras vidas con toques de clarin, tambor y corneta.

Cofrade.

No olvido los faroles, de alpaca impoluta que con pie de madera en tonoo caoba. Faroles que, cómo el incensario, la naveta o el Libro de Reglas eran atrezzo fundamental en la cofrade Comedia. Renglón cruzado de eventos distorsionados de un hecho acaecido en tiempos pretéritos que se adecuan al presente enervados por la representación de almas bajo capirotes cubiertas. Almas trémulas y anónimas que sólo muestran sus ojos, bajo el rojo caperuz, iluminadas las pupilas por cirios que derraman su mínima Luz. Luz que muestra, en éstos tiempos que corren por donde discurre el Calvario que la procesión recorre. La procesión que avanza subiendo la cuesta, mostrando la cara ante el alba. Así es cómo la escayola que tu cuerpo compone, policromada por pinturas hace mucho tiempo impregnadas, algo esportillada y en muchos lugares gastada se erige en material del que se forjan las ilusiones que ellos, los Jóvenes, acumulan en el alma, acompañan en el corazón y con su gesto te ensalzan.

Cofrades de nombre, condición y capa. Capa roja cómo la sangre derramada en el ascenso con el madero al Calvario funesto. Cofrades y Hermanos, nazarenos silenciosos bajo el blanco hábito de la pureza maltratada. Cingulo rójo, cruz espinada que muestran la pertenencia a la hermandad bien ganada, forjada en laidea de rememorar el pasaje bíblico de la cruz clavada. De la expiración inevitable y la entrega del alma. De la muerte de aquel que tres dias pasaran, resucitado llegara. Cofradía, hermandad, tiempo y agua. Todo es en uno lo que al cofrade acompaña. A pie cubierto o descalzo penitente que acompaña a su Cristo en la mañana exhimente. El alba se muestra con el amanecer incierto de tenebroso Viernes Santo el abismo descubierto, suave brisa que no apaga los lamentos del cristiano devoto y entregado al sufrimiento. Recorrido escondido entre los pliegues de túnicas que esconden el miedo, la penumbra, que esbozan el sentimiento de la pérdida de lo incierto.

Penitente.

Tales son mis recuerdos. Esos son mis enervamientos. Sentimientos escondidos que se llevan las volutas de mi incensario personal. Corazón que guarda sin pensar lo pasado con el tiempo. Recuperacion de una memoria que las volutas se llevaron encendidas con el carbón de aquello que se perdió, de aquello que atrás quedó enguantado por el viento. Pabilo, cirio, corneta y tambor. Sonido de alpargata acariciando el pavimento y sobre el hombro la almohadilla que soporta el sufrimiento. Penitencia enervada de los viejos cantares que fueran arrancados de los suaves metales. Instrumentos afinados por el alma penitente que levanta los albores de un cantar de esa gente que, sin encomendarse a Dios o al diablo sigue con su erre que erre al compás destemplado de una banda cuajada de ilusiones. Esperanzas, miedos, recuerdos y peticiones. Sed, hambre y sueño se llevan las volutas del incensario que una vez doné, que entregué al consiliario de aquel que en la tierra hizo de promisario. De promisario del Padre en medio de tanta iniquidad que se muestra a los hombres cómo el Santísimo Cristo de la Piedad.

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18 comentarios:

jano dijo...

Mi querido Peinado: hoy, creo, te has levantado despeinado, como decía un profesor mío de la infancia, que nos avisaba con ello de su poca predisposición a bromas.
¡Qué entrada tan sincera y poética!
Cofrade de una cofradía del sur, supongo, porque en el norte hay cofradias pero no tradición tan arraigada; pero sí una fe inquebrantable o quebradiza que el tiempo se encarga de poner en cuestión, aunque ello te duela y no te aporte ninguna satisfacción adicional en el devenir de la vida: "NAZARENOS SILENCIOSOS BAJO EL BLANCO HÁBITO DE LA PUREZA MALTRATADA".
"TALES SON MIS RECUERDOS"también.
No olvidarás los faroles, de alpaca impoluta, con pié de madera de tono caoba ni los golpes de tambor; ni siquiera el olor a almizcle, a mirra, benjuí y vainilla (eso queda dentro como la luz de los cirios en tu retina). Y a medida que vas creciendo en edad, estatura y conocimiento, te darás cuenta de lo mucho que todo ha infuído en tu vida: un auténtico reto para tu estructura mental, que abarcará más retos sabiéndolos aprovechar, aunque persista la duda.
Un abrazo, amigo cofrade.

E..P.. dijo...

Hola C.S.Peinado.
Valla post amigo. Los tiempos cambian y el ambiente está irrespirable.
Ahora el incienso va para otro lado, las esperanzas como las ilusiones permanecen débil y el sufrimiento para muchos y la piedad se queda para los corazones negros de la CASTA y demás especímenes de lavados de cerebros del pueblo.
Menuda penitencia salimos de Málaga y entramos en Malagón.
Un abrazo Peinado.

Zorrete Robert dijo...

Ya sabes que los incensarios se utilizaban para tapar las mala jolores de la muchedumbre penitente, que entraba a la catedral hechos y zorros ellos y ellas bueno eso.
Saluditos CS.

María dijo...

Yo no aguanto las procesiones ni el incienso, me da hasta náuseas.

Besos

Inma dijo...

Hay que ver lo que da de si el incienso... olor que personalmente me encanta y me relaja.
Yo también creo que cada uno tiene su incensario personal que solito se va cargando sin que a penas te des cuenta, y se llena de hermosas reflexiones como esta.
Enhorabuena por la entrada.

Un abrazo

Candela dijo...

Es muy bonito el post, pero te veo algo melancólico, supongo que es natural, estas fechas son para los niños. Para nosotros un tiempo de reflexión y añoranza.

Felices Reyes. A nosotros nos toca seguir al tajo.
;)

CASASREALESDESNUDAS dijo...

Creo que somos muchos los penitentes que estamos andando, con hambre, sueño y cansancio tras unas figuras humanas endiosadas, a las que no parece importar que nuestros pies desnudos comiencen a sangrar y que muchos de nosotros desfallezcamos en este injusto peregrinar.
Aunque me he marchado un poco por las ramas decirte que admiro esa notable formar de escribir tuya.
Un abrazo y ¡Feliz Dia de Reyes! amigo.

Maribeluca dijo...

Muy bonito, amigo.

Espero que los Magos de Oriente se hayan portado.

Wittmann dijo...

Buenas C S Peinado.

No soy yo muy afín al culto religioso, pero he de decir que me ha parecido muy expresivo y cargado de sentimiento el texto de esta entrada. Me quedo con la expresión "Fuimos creciendo en la Fé del trabajo por un ideal, por una advocación". Me ha encantado.

Un saludo

C S Peinado dijo...

Jano, al mismo tiempo que las Cofradías, cómo todo hoy en día, se desvirtuan en lo material, muchos seguimos teniéndolas dentro en lo sentimental. No hace tanto tiempo que colgué las baquetas, pero ya es cómo un sueño de niñez, de sueño en la Madrugá, de churros despues de la procesión y de esos días vacacionales que haora conoceríamos por "Fiesta de la primavera" de haber vencido el sucialismo traidor.

Esperemos que con el paso del tiempo esos recuerdos no se extingan.

C S Peinado dijo...

Pues si E..P.., máxime cuando los arbustos que dan la gomorresina del incienso están en peligro de extinción. Un signo de los tiempo más que nos muestra cuán cambiante es el mundo y que poco podemos hacer para evitar que gire.

C S Peinado dijo...

Zorrete, ahora habría que emplearlo para tapar los malos olores que de los cajones de la Administración van saliendo según corre la Legislatura.

C S Peinado dijo...

María, pues es buenísimo para los mosquitos ylos moscones. Yo en cuaresma lio la humareda y no veas, ni rastro de bichos ni bichérrimos.

C S Peinado dijo...

Ya ves Inma, los humos del incienso llevan las plegarias de los hombres a Díos. Da igual a cual sea pues en todas las culturas el fin ha sido el mismo. Además a algunos de aquí, los humos deberían limiarnos el alma y alejarnos los malos rollos.

C S Peinado dijo...

Me hace pensar en que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero cualquier futuro venidero está aún por descubrirse, candela.

C S Peinado dijo...

El endiosamiento de según qeu individuos, Casas Reales, con pies de barro, se pierde cuando la realidad disuelve con a riada de la contundencia sus fútiles argumentos.

C S Peinado dijo...

Con vuestras visitas y comentarios, los Reyes se portan magníficamente cada día, Maribeluca.

C S Peinado dijo...

Gracias Wittmann, es un sentimiento interno, de cada cual que nos hayamos vinculados a éste mundo que hace difícil dejarlo de lado aún cuando, cómo yo, me he desvinculado casi totalmente del mismo.

Darle Caña a ésto: