miércoles, 1 de febrero de 2012

Flores que se marchitan antes de nacer.

Ando éstos días escuchando programas, prédicas y ruegos de personas que,de una u otra manera, han perdido un hijo o una hija. Son esas personas a las que las fiscalías empiezan a hacer caso ahora tras más de treinta años de demandar la exhumación de aquellos hijos, muchos, que les dijeron habían muerto en el momento de nacer. Un asunto turbio que no debería quedarse en pañales. Ahora que parece ser que la Justicia va a empezar a andar tras varias décadas de anormalidad y vínculación a los recovecos del poder, es el momento de resarcir a esas madres a las que arrebataron, presuntamente, el fruto de sus entrañas para darlo, mediante un elaborado entramado, a otras parejas que no podían concebir. Éste es quizás, uno de los hechos más tristes del Tardofranquismo, la Transición y los primeros años de la Democracia. Detrás de todo ello, las mismas razones de siempre. Económicas, de gentes sin escrúpulos que a través de su poder, al ostentar cargos estratégicos se sacan un sobre sueldo a costa del sufrimiento de los demás.

El rapto de los niños.

Unas setecientas denuncias penden de resolución a través del fallecimiento de bebes en aquellos años en que el Cara Garbanzo agonizaba y los buitres aleteaban para posicionarse en el inicio de la nueva Era del politicastrismo. Algo que nos podría parecer tan lejano, pues fue un hecho recurrente en aquellas dictaduras de derechas habidas en el Cono Sur y cuyos petrímetes dictadores, siempre a sueldo del capitalismo estadounidense, Pinochet y Videla, hacían la vista gorda tan puestas sus esperanzas en no ser apeados del carro del Poder en que en los ochenta los puso Yanquilandia. Un hecho tan deplorable que nos causa arcadas de tan sólo pensar que un hijo nuestro estuviera, durante treinta, cuarenta o cincuenta años viviendo otra vida alejado de su verdadera progenie. Un hecho que no tiene ideología y que lo mismo pasa a la diestra, cómo he expuesto, que a la siniestra, pues sería cínico e hipócrita olvidar aquellos Niños de la Guerra que terminaron prostituyéndose o siendo explotados en la Unión Soviética para poder subsistir.

Del mismo modo, no se puede olvidar el robo de niños a las presas republicanas durante y después de la Guerra Civil. Hecho éste que la siniestra gusta de airear para tapar sus propias miserias y excesos. Al margen de que unos y otros se arroguen el derecho de acusar al de enfrente de robo, fraude y rapto, el hecho tácito es que hoy, en el siglo XXI y gracias a los avences científicos en general y al uso del contraste por Adn en particular, esos siete centenares y pico de casos se van resolviendo a través de las fiscalías territoriales con especial profusión en la zona andaluza y levantina. Sitios éstos en que la pobreza, en que el analfabetismo, la cara y la ausencia de escrúpulos movieron ese pujante mercado de tránsito de carne desde sus legítimos padres a otros de respuesto bajo el cual crecieron y se educaron sin saber que aquellos a los que les arrebataron, lloraron la pérdida durante muchos años ante féretros vacios metidos en pudrideros donde el aire quedó tan límpio cómo el día que la boca del nicho se tapió. Por la simple razón de que no había nada que se pudriera dentro.

El arropo de la sociedad.

Aún así, con toda la gravedad que entraña dichos robos de personas, noto que hay recelo a hablar de ello. Es cómo mentar la bicha, cómo traer al presente tiempos ya pasados y presuntamente superados en los que el sólo mentar despierta viejos fantasmas adormilados pero no vencidos. Es ese acomplejamiento masivo de la sociedad española, que aún no es capaz de hablar con naturalidad de la superación de un franquismo al que muchos se aferran , defienden y resucitan para tapar sus propias miserias y justificar sus actuales hechos, dimes y diretes, mediante su exposición y vuelta al guerracivilismo. Es éste hecho, que no deja de ser estúpido y en gran medida revelador de la temperatura de una sociedad que, obviamente, sigue ffracturada y dividida cómo hace ochenta años, la que impide que se acoja con normalidad un hecho, el de los raptos de niños. Raptos que por unos se achaca cómo algo vinculado al aparato franquista y por otros cómo la eventualidad lógica de una situación en la que personas pudientes "untaban" a quien hiciera falta para conseguir carne con la que llenar su vacio.

Un procedimiento estandar. Un niño que nacía muerto. Que no era mostrado a los padres y que se sepultaba, a ataud cerrado expidiendo el correspondiente certificado de defunción. Una flor que moría para una madre, nacía, marchita por un proceso denigrante para ésta sociedad, en el seno de una nueva familia. Así, se reiteraba, repetía y expendía un hecho que ahora nos llena de vergüenza y que no debe de caer en el olvido ni mirarse desde perspectivas extrañas. El hecho es el rapto de un hijo legítimo de una persona, dado a otra. Nada hay aquí de ideología ni fanatismo. No hay procedimientos vinculados a tramas dentro de aparatos de regímenes de izquierda o derecha. Es sólo un fraude, una transacción de carne por dinero que tantísimo daño ha hecho a unos y tanto hará a otros, mientras los responsables, médicos, abogados, notarios, jueces, personal de enfermería, se embolsaron sus buenos cuartos y se dejaron la conciencia por el camino. Quiero desde aquí dar mi apoyo a esas familias en un hecho que nos envilece cómo país.

Apoyar, apoyar, apoyar...

Es un camino largo el que aquellos que buscan a los que los engendraron deberán recorrer hasta entrecruzarse con aquellos que buscan a quienes dieron la vida. Quedan ahora muchas exhumaciones por hacer, pruebas de Adn por tomar y registros completos que llevar a cabo hasta cerrar uno de esos capítulos de la España Negra que no se tapan con una mano de pintura, ni mil. El hecho no es cómo la fosa donde estaba Lorca, que nadie de la familia quería abrir y que una vez abierta y gastados unos cuantos miles de euros debieron de cerrar porque allí no había nada. El hecho es que hay personas anónimas, españoles cómo todos los que nos pasamos por aquí, que andan sufriendo la incertidumbre de saber si su madre es su madre y si no lo es, que pasó, cómo sucedió, quien lo perpetró y donde está esa persona a la que en su día le dijeron que su hijo había nacido muerto y que era mejor no remover cadáveres que no llevaban a ninguna parte. Parte que despues ha resultado conducir hasta hoy, con nombres, fechas, hechos y precios de por medio. Denigrante y patético, cómo tantas cosas que nos hacen, de verdad, ser unos rastreros.

Si deseas comunicarte conmigo, agregar algo a éste artículo, exponer tu opinión en privado o sugerirme temas sobre los que hablar no dudes en ponerte en contacto conmigo a través de churre_s_peinado@hotmail.com. Gracias.

20 comentarios:

Rafa Hernández dijo...

Aquello que ocurrió durante el franquismo de niños que desaparecían de los hospitales, como el que pierde un mechero, y le decían a los padres simplemente que habían muerto y así se quedaba el asunto fue muy grave y dramático para muchos españoles, pero lo triste que a estas alturas por mucho que se investigue, habrán hijos que realmente no sabrán quienes han sido sus padres, y ni padres los que sigan vivos que sabrán el paradero de sus hijos. Y esto que voy a decir sé que a gente que participa en este blog no le va a gustar, pero a la iglesia es a la primera que le tenían que preguntar; los curas y sobre todo las monjas que desempeñaban tareas en hospitales tendrían mucho que aclarar. Saludos C S Peinado.

Ocón dijo...

Yo había entendido que vino ocurriendo hasta los 90's pero ya podría ser, como dice Rafa, que esto también sea cosa de Franco y la Iglesia Católica.

Viriato dijo...

Este tema me causa una gran aflicción. Pocos delitos hay más graves que éste, arrebatarle un hijo a sus padres y hacerle vivir a ese hijo una mentira durante 30 ó 40 años.

OPin dijo...

Interesante entrada. Supongo que la llegada del análisis de identidad por medio del ADN ha permitido que estos hechos cobren nueva importancia y sobre todo, que exista la posibilidad de ser esclarecidos de una buena vez.
Cuando se perpetraron los hechos ocurridos en la década de los 80, esta posibilidad no existía y la impunidad estaba garantizada.
Hoy en día, si existe la más mínima sospecha de no estar con la familia correcta debería existir un mecanismo para acceder a estas pruebas sin necesidad de judicializar el tema.
En muchos lares se habla de "Banco de datos de ADN" y a mí se me eriza la piel pensando en Gattaca, pero podría ser algo donde como en el caso argentino, solo se tengan muestras de aquellos que están buscando a sus hijos y de nadie mas.

Un abrazo y gracias por el espacio para opinar.

Natalia Pastor dijo...

Es una historia tremenda, que desgraciadamente tiene todos los visos de no aclararse - y lo que es peor-, quedar impunes.
Una trama en la que han participado médicos,abogados, funcionarios y que teje una maraña difícil de resolver, más aún con los años que han transcurrido desde entonces.

Discrepo de lo que apunta Rafa Hernández en vincularlo exclusivamente al franquismo;las desapariciones de niños se han extendido hasta finales de los 80, y para entonces ya estaba instaurada la democracia y gobernaban los socialistas.

mientrasleo dijo...

La verdad que lo terrible del tema es que es real. Hay veces que se nos olvida que todas estas historias son de verdad.
Hoy salía un hombre viendo como exhumaban los huesos de lo que él pensaba que podía ser su hija, de bebé. No sé que es más horrible, si ver cómo sacan los huesos de un hijo fallecido o descubrir que lloraste por un hijo que no sabes dónde está. ndudablemente lo horrible es la tercera opción, en pocos días este hombre puede pasar por ambos supuestos.
Un beso

Wittmann dijo...

Buenas C S Peinado.

Una gran entrada, reconociendo esa sombría realidad que no sale en los medios todas las veces que debería... ni la mitad ni la décima parte. Una triste verdad bajo cuya verdad debería estar actuando como sustento la Justicia a pesar de lo saturada que esté. No estamos hablando de remover a los antepasados de la guerra (que ahora se estila tanto a pesar de lo absurdo de tal proceso) sino de que unas personas puedan saber en el presente la verdad sobre el hijo que esperaban y nunca pudieron ver o reconocer. Es hora de poner las pilas a la Administración de Justicia para reponer, un mínimo, esa macabra situación. Buena entrada, reitero, porque no todo lo malo en este país han sido los policastros.

Un saludo.

Agustin dijo...

Tremendo y amargo relato el que hoy nos trae a traves de tu post.un saludo.

José Luis Valladares Fernández dijo...

Menudo calvario para las madres que sepan que fueron engañadas de esa manera.

Un abrazo

C S Peinado dijo...

Evidentemente Rafa, en éstos temas, los sentimeintos están muy a flor de piel. Yo no pienso que se diera por estar encuandrados en el frnaquismo sino porque hubo esa oportunidad y se aprovecho por personas que no tenían escrúpulos.

Ya se sabe que a nadie le amarga un dulce y cualquier estrato social es bueno para albergar un cabronazo en potencia.

C S Peinado dijo...

No dudaría yo, Ocón, que incluso en la actualidad, algún advenedizo se hubiera dedicado al tráfico de lo que nos ocupa. Yo no me avengo a las ideologías cómo causa/efecto de ésto, simplemente es algo transaccional que se da por una deficiente vigilancia y control de los neonatos.

Urdanautorum dijo...

Es tremendo este tema, horrible para una madre. Crimenes que merecen un castigo ejemplar los culpables.
Lo patético de este asunto es que hay quien se aprovecha de estas lacras de la sociedad para avalar sus posicionamientos políticos acentuando incluso mediante falacias cualquier atisbo que conduzca a sus fines propagandísticos.
Y lo vergonzoso es que nuestra querida fiscalía, que yo sepa, todavía no haya pedido meter en la trena a uno de estos indeseables. Mientras, se hacen conjeturas de todo tipo fomentando juicios perversos donde los
malintencionados, esgribiendo hipócritas razones hunanitarias, generalizan la culpa a todo colectivo que les interese por razones de partido.

C S Peinado dijo...

La pena Viriato es que hay madres o hijos que han descubierto quienes eran cuando ya era demasiado tarde para desfacer el entuerto. Y todo por las intenciones mercantilistasde unos pocos desalmados.

C S Peinado dijo...

Tienes mucha razón Opin, la verdad es que judicializar éste tema antes de empezar no me parece la mejor opción. Sería más correcto tener ese banco de datos de Adn para poder contrastar antes de embarcarse en un proceso largo y tedioso.

Pero claro, todo se andará y quizás cuando se haga no nos guste el camino a recorrer.

Bienvenido.

C S Peinado dijo...

Cómo en todo el CSPeinadismo, Natalia, la opinión de cada cual es bien valorada, en mi opinión es algo que sucedió, sucede y muy mal que nos pese sucederá, si bien ahora será más complicado por toda la cobertura mediatica y por los juicios paralelos.

C S Peinado dijo...

Mientrasleo, nada hay peor que el morbo que prodiga todo éste hecho. Certero ejemplo de una España negra que no quedó atrancada en el pasado, sino que sigue agazapada detrás de cada mata para sorprendernos con los más tétricos y macabros hechos elaborados por las más enfermas mentes inemersas en lo peor de la sociedad.

C S Peinado dijo...

No deja de estremecerme, Wittmann, que dentro de lo más normal que podamos encontrar, cómo un inocente nicho de cementerio, oculte la más tenebrosa e irracional mentira. No puedo ni quiero hacerme a la idea de que un ser querido se encuentre en tal tesitura. Comercial con ello sólo pone a quien lo permite y favorece, perpetra y justifica cómo animales ávidos de dinero y sangre.

C S Peinado dijo...

Real cómo la vida misma Agustín.

C S Peinado dijo...

Esperemos, Jose Luís, que con nuestro flamante nuevo ministro de Justicia, todo ésto tenga, cuando menos, un final, ni feliz ni triste, pero sí un final, para que descansen los deudos y los fallecidos, sí los hubo.

C S Peinado dijo...

Urdanautorum, todo ésto es producto de una patética sociedad inadaptada y sin evolucionar. Mientras seamos beatos del fútbol, dejándo de lado todo por el deporte rey, no podremos progresar adecuadamente y cosas cómo las que expongo quedaran cómo anecdotas de otro tiempo pretérito que sin embargo no se ha ido del todo.

Darle Caña a ésto: