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viernes, 16 de noviembre de 2012
Hispanofobia. La Leyenda Negra.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Leyendas. La Santa Compaña.
Cómo buena tierra Celta y por tanto influenciada hasta el tuétano por los ritos, leyendas y tradiciones ancestrales, Galicia es una tierra en la que las supersticiones y las historias de Brujas proliferan por todos los rincones. No es un misterio que la tierra de Castelao es un pago de meigas y trasgos, duendes y todo tipo de historias que concentran en sus bosques y montes, valles y prados temores y leyendas de forma más concentrada que en cualquier otra parte del mundo. Una de esas leyendas, si acaso la más conocida, es la que nos introduce en cualquiera de esos bosques tupidos y húmedos donde, en cualquier claro, en cualquier rincón un aquelarre dedicado al maligno o si acaso a cualquiera de los dioses ancestrales a los que entre sangre y hierbas desconocidas los celtas se encomendaban. Es Galicia tierra de oscuros misterios, de fantasmas, encrucijadas señaladas por mistéricos cruceiros y sobre todo de ella, la tenebrosa leyenda a la que me refería y que no es otra que la Santa Compaña.
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martes, 14 de agosto de 2012
Relatos. La soledad del Espectro.
La noche, fría y lluviosa se deja caer sobre el risco maldito. Risco azotado durante siglos, durante milenios por el agua, el viento y lo que es peor, por el olvido. Los jirones tenues de la luz mortecina que se adivina en los cerros circundantes certifican la defunción de un nuevo día en que él, el eterno guardían de las ruinas del castillo, desaparecido hace siglos permanecerá a la espera de una redención nunca prometida y amargamente esperada. El espectro de aquel que esperará, eternamente, un perdón que nunca llega y que le fue prometido cuando la petrea mole de la Defensa desapareciera en la inocencia. Agotado del peso de los siglos, el fantasma eterno, el vigilante extenuado del portón de aquella Defensa aplastada en el recuerdo de los siglos, se vuelve a sentar, cómo cada noche desde el albor de los tiempos en la peña, erosionada y pulida por los elementos que certificaba, cuando existía, el acceso a la planta de la fortaleza, en la punta opuesta del bastión orientado al Sur.
viernes, 27 de abril de 2012
Tiempo de Romerías...
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| La Morenita. Patrona de Jaén. |
Culminada la Semana Santa y en el tiempo que va hasta Pentecostés, cómo si fueran setas florecen, a lo largo y ancho de nuestra vetusta piel de toro nuestras tan carácteristicas y denostadas en los últimos años, romerias. Un término errado, pues las romerías eran las largas peregrinaciones que los cristianos laboraban hasta Roma para conseguir las indulgencias plenarias. Así, en el país más católico del mundo, nuestra España, no podían faltar las pequeñas Romas a las que acudir para ganar alguna suerte de indulgencia, milagro o vaya usted a saber. Poquito a poco la romería fue evolucionando y en torno a cualquier ermita, humilladero, santuario o capilla, fueron surgiendo devociones particulares que se fueron extendiendo y fortaleciendo y, por desgracia, degenerando en lo que hoy tenemos a lo largo y ancho de nuestra geografía. Lugares en los que prima la juerga y andar hechos unos guarros durante tres o cuatro días mientras el santo de turno puede irse al cielo que mientras no falte el alcohol, lo demás huelga del todo.
En el campo, la tortilla sale mejor.
Por ser la que más de cerca me pilla y además por ser la más antigua de España, la romería de la Virgen de la Cabeza es un claro ejemplo de lo que ha llegado a ser una manifestación religiosa mezclada con grandes dosis de irreverencia y juerguismo subido. De hecho, para el que no lo sepa, el Cerro, cómo comunmente conocemos al santuario por éstos lares y cuya imagen ilustra ésta semana la portada de éste mi, vuestro blog, se transforma durante los días anteriores al último fin de semana de abril en un hervidero de las más pintorescas y variadas especies de juerguistas, a nivel cofrade o pagano, que en el whisky todos sómos hermanos. De hecho el Cerro se llama así por ser una elevación en torno a una explanada que acoje, en precario equilibrio medioambiental a más de ochocientas mil almas, algo que sólo se puede conseguir en éste país gracias a una manifestación de éste calibre, con lo que dejamos en entredicho el aspecto laicista de España y que el evento más multitudinario pueda ser un partido de fútbol.
Dicho en plata, los días posteriores al evento que consiste en ciento y pico de misas, a una por cofradia o hermandad que asisten, la procesión y posterior retorno de la Morenita a su Casa, en el Cerro se recogen toneladas de basura, condones usados y botellas de licor y refresco. Toda una declaración de intenciones de los que acuden en masa a su cita anual con el rito que auna religión y despropósito en perfecta sincronía y sinergia. Una muestra más de que a los españoles nos la bufa todo a excepción de nuestras creencias, muy enraizadas a pesar de que aquellos que se autodenominan nuestras guías politicástricas se cansen de decirnos que tendemos al laicismo y que no debemos creer en lo que siempre hemos creido, amar a las tradiciones con las que crecimos y, en suma, debemos de dejar de ser unos bárbaros supercheros anclados en un pasado que sin embargo es el que nos ha forjado cómo país y sociedad. No dejo de sorprenderme que muchos de los que militan en esas ideologías que van en contra de nuestra esencia, sean los primeros que se apunten para llevar un cetro en las procesiones de turno.
Cubalibre y medalla.
Aún así, yo creo que en España, éstas tan brutales manifestaciones religiosas, no son sino una muestra más de lo capaces que sómos los españoles para mezclar cosas que, en principio son totalmente antagónicas. La mesura, el ayuno y la dignidad que deberían comportar cualquier ritual dirigido a intermediar entre nosotros, pobres mortales y la divinidad de turno, queda eclipsada en un ámbito en que el jolgorio, la música la manifestación fiestera y todo lo relacionado con la deshibinición masiva mezclada con sustancias psicotrópicas y alcohol en cantidades que rayan el coma etílico. Es por ello que España no sólo es diferente sino que se reinventa continuamente adaptando lo más antiguo, sus tradiciones, a lo más moderno, su gente que, para sacar adelante un país no servirá, pero para ponerse hasta el culo mientra lanza vítores a la imagen de turno son los primeros. Toda una declaración de intenciones en un país en crisis que en primavera pasa a eclosionar en torno a las más pintorescas advocaciones.
Yo, que viví la Romería de la Morenita desde mi más tierna infancia hasta hace unos diez años puedo decir que no es que me molesten éstas fiestas, es que me causa mucha gracia que personas totalmente en las antípodas de lo religioso sean los primeros que se apuntan a un bombardeo cuando, en plan gitano, se cogen los bártulos, la tienda de campaña, mucho alcohol y colesterolazo para la barbacoa y hala, vuelven con diecisiete kilos de roña, setenta medallitas del evento en cuestión, sin cartera, sin documentación y con una multa y seis puntos menos por conducir so repasando trece veces el límite de alcoholemia. Hace ya una década que dejé aquellos momentos atrás, me reconvení en que para llevar a buen puerto mis creencias era mejor hacerlo con el recogimiento de un Cerro sólo y en silencio y comencé a mirar con el recelo del incrédulo esos eventos, ya sean en el Cabezo, en el Rocío o en las Vistillas. La tortilla sabe mejor en el campo, pero sin mezclar churras con merinas o el crucifijo con el cubata.
Tiempos de Gloria.
Al margen de la irreverencia que nos pueda suponer mezclar los asuntos mundanos con los asuntos divinos en una comunión más abocada al infierno que al cielo, el tiempo de Gloria está para disfrutar de esa parte gloriosa y alegre de la religiosidad que, junto a la primavera, busca los días más largos y luminosos del verano antes de que decaigan de nuevo las jornadas en busca de la oscuridad del día de los Santos. No todo es sufrimiento, ni todo penitencia, por ello, a pesar de que yo no sea mucho de éstos jolgorios, si animo a cualquiera que tenga la ocasión de hacerlo a que se anime a conocer, al menos una vez en la vida, de una de nuestras Romerías en general y de la del Cerro, en Andújar, en particular, pues la cabra tira al monte y el jaenero al Cerro en el último fin de semana del cuarto més del año, previo al mes de las flores que eclosionan en honor a María. Puede ser que se queden prendados del olor a romero y a pino, de las devociones que impulsan a subir su calzada de rodillas o descalzas o simplemente de los que se lian los porros con la soltura que da hacerlo a la sombra de los pinos de Sierra Morena. ¡Feliz Romería!
Si deseas comunicarte conmigo, agregar algo a éste artículo, exponer tu opinión en privado o sugerirme temas sobre los que hablar no dudes en ponerte en contacto conmigo a través de churre_s_peinado@hotmail.com. Gracias.
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martes, 13 de septiembre de 2011
Leyendas. El Lagarto de la Malena (Jaén).
Está feo que yo, siendo de la llamada Tierra del Ronquío, aún no se por qué, no me haga eco de las fantásticas historias y leyendas que, entre peñas y olivos se entretejen a lo ancho y largo de la provincia de Jaén. Una sucesión de leyendas y curiosidades que ya empecé con el artículo sobre el Obispo Insepulto, cuya lectura recomiendo para que vayaís viendo de que manera se entreteje en el Paraiso Interior que además se cuenta entre las zonas con más misterios por metro cuadrado del Mundo. Dicho lo cual daré inicio con la Leyenda del Lagarto de la "Malena" que parece derivar del lugar donde se avistaba, vivía e incordiaba el icono por excelencia de la Capital del Santo Reino.
Así las cosas cuentan los anales, aseguran los textos y certifica la tradición oral que antaño, no se sabe si antes o después de que San Fernando ollara el pie en Jaén o quizás cuando aún se llamaba Xauen. Quizas se sucediera en la ciudad nazarí de Jaén tierra fronteriza cuajada de los placeres del oriente aferrados a la seguridad de su alcazaba cómo puerta del Reino de Granada o açun quizás más tarde, cuando el castillo dejó de ostentar la media luna bajo la piadosa cruz y los alfanjes dejaron apso a la guardia de poderosos mandobles. Quiza fuera en esos tiempos o quizás aún más atrás en vísperas que se pierden en la noche de los Tiempos engullida por la neblina que no nos deja discernir entre lo que es cierto y lo que es historia. Sea cómo fuere pues, según quien nos lo cuente la fecha se hará arriba o abajo y cómo tal veremos que es una historía completamente atemporal, dícen que arribó a la Ciudad un poderoso animal. De portentosa y horrorosa figura, poderosas garras y simpar forma de enorme lagarto. Un animal cómo nunca antes se había visto allí y que parecía ser de otras tierras desconocidas o quizás huido o liberado, vaya usted a saber, de los mismos Avernos.
Así las cosas cuentan los anales, aseguran los textos y certifica la tradición oral que antaño, no se sabe si antes o después de que San Fernando ollara el pie en Jaén o quizás cuando aún se llamaba Xauen. Quizas se sucediera en la ciudad nazarí de Jaén tierra fronteriza cuajada de los placeres del oriente aferrados a la seguridad de su alcazaba cómo puerta del Reino de Granada o açun quizás más tarde, cuando el castillo dejó de ostentar la media luna bajo la piadosa cruz y los alfanjes dejaron apso a la guardia de poderosos mandobles. Quiza fuera en esos tiempos o quizás aún más atrás en vísperas que se pierden en la noche de los Tiempos engullida por la neblina que no nos deja discernir entre lo que es cierto y lo que es historia. Sea cómo fuere pues, según quien nos lo cuente la fecha se hará arriba o abajo y cómo tal veremos que es una historía completamente atemporal, dícen que arribó a la Ciudad un poderoso animal. De portentosa y horrorosa figura, poderosas garras y simpar forma de enorme lagarto. Un animal cómo nunca antes se había visto allí y que parecía ser de otras tierras desconocidas o quizás huido o liberado, vaya usted a saber, de los mismos Avernos.
Otra versión, más lógica y menos romántica asevera que, el lagarto no era sino un enorme cocodrilo que habría sido traido por uno de aquellos que, enrolándose en la Carrera de Indias, volvió pleno de honores y riquezas de la Conquista de América. Dicese que estando en los manglares, quizá de Cuba o la Florida, mi paisano descubrio unos pequeños lagartos que, sin parecer peligrosos no dejaban de tener una boca cuajada de dientes. Trájolo consigo y una vez aquí el animal comenzó a crecer, demandando cada vez más alimento, carne se entiende, y obligando a su propietario que no deseaba deshacerse de el a comprar o robar carneros y ovejas con las que alimentarlo. Así hasta que el animal adquierio unas proporciones respetables y el conquistador no tuvo por menos que dejarlo libre, intentando después, sin exito, acabar con él.
Pero el bicho no era tonto y, aposentándose en la capital, se dío en refugiarse en un enorme manantial que surtía a Jaén de agua cristalina. Éste manantial o raudal que se llamaba de la Magdalena, en honor a la piadosa mujer que, con sus lágrimas y cabellos había lavado los píes del Salvador para despuñes ungirlos de olorosos bálsamos (Y que dicen las leyendas que no vienen al caso que intercambiaron algo más que limpieza) y era parte del populoso barrio en que sus moradores, acongojados, temían cada salida de la bestia. Pues la misma bestia en sus salidas sólo buscaba carne y eso suponía sangre, destrozos y dolor, hasta su regreso al Raudal donde, hinchado y ardoroso su estómago de las piezas cobradas, se dedicaba a aplacar sus molestias con las frescas aguas que manaban de la falda del castillo.
Asi se pasabanlas jornadas, calendas y años, con un monstruo horripilante que hacía y desfacía a su antojo impidiendo a la noble ciudad llevar a cabo las tareas que de normal, serian corrientes. No bullía el comercio, ni los campos daban su riendo, no había caballerias ni los rebaños se sostenían ante el empuje y las calles, plazas y avenidas quedaban desiertas cómo nunca antes lo habían hecho. La bestia reptíl no diferenciaba entre oveja caballo y persona y, en esas condiciones, lo mejor era quedarse en casita, aunque el hambre nos diera por todo lo alto. El instinto de conservación por delante.
Siendo la Tierra en que hollamos tierra de valientes militares, de fervientes servidores de la conquista de América y, en fin, partícipe de todas las grandes empresas en que España demandó servidores, cómo gran servidor fue el Condestable don Lucas de Iranzo, no podrían los habitantes de la capital resistir al empuje de la gallardía y el sentido del deber que la empresa de expulsar a tan molesto huesped requería. Asi, tras arduo periodo de congoja y de miedo terminó por salir el gran jaenero que terminara con la amenza y no sólo eso, que lo elevara al rango de leyenda imperecedera, aunque cómo suele suceder en España, en último término quedó recordado el rufían (el lagarto) y no el héroe que acabó con él. Hasta aquí convergen todas las versiones en una, ya sea de autores, historias o libros pero, llegados a tan vital punto de la Historia se desgranan tres posibles finales, con lo que podemos decir sin temor a equivocarnos que, con nuestro lagarto cómo todo en la vida, la cosa noes cómo empieza sino cómo acaba.
Relata el primer final que la hazaña en dar al traste con la vida del dragón, serpiente o lagarto fue uno de aquellos gallardos caballerois medievales que, en sabiendo que al bicho le daba igual que los hombres a los que se jamaba fueran con coraza o sin ella, con peto, puas o planchas de mejor o peor metal porque el resultado siempre era el mismo, se revistió de relucientes espejos poniendose frente al sol, que caía tras la bestia. De tal guisa y mira que tuvo el caballero que estudiar la estrategia esperó seguramente sin tenerlas todas consigo, pues una nube podía dar al traste con el plan, la acometida de la fiera, que en violento ataque y deslumbrada por el brillante atuendo de su adversario flaqueó en su intento de engullirlo permitiendo al Caballero zafarse del mismo y clavar su mandoble seccionando el enorme cuello del animal.
La segunda versión, menos caballeresca e impresionante, dice que, en habiendo en la prisión del municipio un preso condenado a la pena Capital y sabiendo del problema que la ciudad tenía urdió escapar de su destino acabando con la amenaza con medios que sin embargo, no se especifican en las crónicas, si bien debió de tener éxito para colocarse en éste relato cómo uno de los posibles finales de la historia.
La tercer y última versión nos cuenta que fue un natural de la misma Jaén, pastor de profesión quien viendo que, día sí y día también el montruo diezmaba su ganado y cansado de ésta situación pensó la manera de exterminarlo de manera segura y eficiente. Cuenta la historia que atribuye a ésta versión el correcto final de nuestra historia que, siendo sagaz e inteligente, el pastor determinó que la bestia que causaba estragos por su voraz apetito por su apetito debía de morir. Así, cogió uno de sus mejores corderos y lo preparo de tal manera que, siendo destripado y quedando sólo la piel la rellenó de yesca y polvora hasta más no poder y se lo lanzó, con la mecha prendida. El Lagarto viendo tan jugoso presente y nos abiendo discernir ell estraño fogonazo que lo acompañaba, lo tragó de un bocado y trasegándolo un fuerte reventón se produjo al estallar la carga que portaba. El resultado fue de muerte por indigestión de pólvora y el concejo celebró fiestas durante muchos días en medio de la alegría y el descanso, por fin, de los desmanes del bicho. Dice la Leyenda que el pueblo de Jaén paseo arriba y abajo la piel del animal mientras colmaba de honores al pastor del que, cómo dije antes y es muy normal en nuestra historia no se conoce ni la identidad ni la afiliacion.
Esta es, queridos lectores la leyenda del lagarto de la "Malena"
Si deseas comunicarte conmigo, agregar algo a éste artículo, exponer tu opinión en privado o sugerirme temas sobre los que hablar no dudes en ponerte en contacto conmigo a través de churre_s_peinado@hotmail.com. Gracias.
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