![]() |
| Foto de Internet. |
Según órdenes dadas por el Almirantazgo, los mercantes de la flota británica tenían órdenes expresas de navegar lejos de las costas ibéricas. Cosa extraña pues, durante la práctica totalidad del siglo XVIII las incursiones británicas en costas gallegas y andaluzas había sido una constante que parecían haber conjurado, de manera milagrosa, las acciones de Córdova. Dicho lo cual, los buques de la Pérfida Albión navegarían fuera de las rutas comerciales habituales para evitar, a toda costa encuentros de calado con buques o patrullas españolas o francesas. Máxime cuando las acciones del español habían hecho que sólo se pudiera dotar a la escolta de un navío de línea y dos fragatas de la Royal Navy. No obstante, agentes secretos españoles destacados en Inglaterra, que por entonces componían el mejor, más extenso y adiestrado servicio de Inteligencia del Mundo, conseguieron averiguar el lugar, la fecha de partida y la composición del convoy agregando a ello la ruta a seguir hasta dividirse poniendo dicha información a matacaballo en manos del conde de Floridablanca.

